Un día te despertás y descubrís que tu cuerpo adoptó un nuevo hobby: quejarse.
No avisa.
Arranca solo.
Vos ponés un pie en el piso y ya tenés la primera protesta sindical de la mañana.
La ciática aparece temprano, fiel trabajadora.
Metés un movimiento mínimo —agarrar una media, por ejemplo— y una chispa baja por la pierna, tipo descarga eléctrica de enchufe flojo. Vos quedás doblado, negociando con Dios y con la columna al mismo tiempo
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