¿Cómo Podría Olvidarlo?
Alguien resopla a través de sus dientes, sonidos cortos y suaves para llamar la atención. Aiden emite algunos quejidos al voltear sobre sí mismo para encarar la fuente de aquellos sonidos. Y al abrir los ojos lentamente y ser deslumbrado un poco por la luz del sol, se encuentra con Erina, quien está justo al lado suyo.
Aiden aclara su garganta. —¿Qué hora es?
—La hora del almuerzo, ya está listo, ¿te apetece comer? —Erina sonríe.
—S-sí, realmente sí, ya recargué mis pilas y ahora tengo hambre —Se sienta en la cama y se apoya en el respaldo de esta.
—Bien, ¿necesitas ayuda?
—No hace falta, ya no me duele tanto, y al parecer dejé de sangrar —Se quita el algodón de la boca, está húmedo, pero blanco.
—Genial.
—Sí… ¿Podrías esperarme abajo?
—¿Por qué? ¿Pasa algo?
—No, es que… Me quité los pantalones cuando te fuiste, estaban sucios.
—Oh, bueno, no tengo problema con eso —Erina no desvía la mirada.
—N-no se trata de eso—
Ríe con una pequeña carcajada. —Lo sé, estaba jugando. Ya me voy, no te tardes.
Erina baja de la cama y sale de la habitación. Se escucha el crujir de la madera tras su paso al alejarse.
Aiden se levanta de la cama sin demora, y efectivamente, estaba solo en ropa interior. Estira los brazos unos momentos, posa su mano en el cuello y se queja al moverlo, pero tampoco demasiado. Viste otro par de pantalones que tiene guardado en el ropero, se pone sus calcetines y botas, y se va del cuarto. Al ir por el pasillo, nota el montón de libros sobre el taller improvisado. Los mira de reojo y baja a la sala.
—Genial, ya estás aquí. Tienes tu plato servido.
—Gracias —Toma asiento y observa el plato frente a él —. ¿Con qué nos deleitamos hoy?
Erina termina de servirse su parte y la pone sobre la mesa. —El menú de hoy consiste en unos espaguetis con albóndigas, una ensalada de lechuga fresca, y de postre un juguito —Pone sobre la mesa una jarra con jugo color naranja.
—Uh, qué gusto, hace mucho tiempo que no como espaguetis.
—Bueno, por lo fácil que se rompen, no me extraña que no prioricen las pastas en el campamento, pero al menos hay en esta casa —Erina ocupa su lugar en la mesa.
Aiden toma la jarra y se sirve algo del jugo, acerca el vaso de Erina y también lo llena.
—Viendo el desorden de arriba, ¿debo suponer que encontraste algo interesante en esos libros? —Toma el tenedor sobre la mesa y enrolla una porción de los fideos.
—De hecho, síp, muchas cosas relacionadas con todo lo que nos han contado aquí.
—¿Algo como libros de historia?
—Más bien como registros. Leí varias cosas interesantes, aunque todo es muy técnico y tuve que consultar la enciclopedia varias veces para saber qué decía —Se rasca la cabeza.
Aiden mastica y traga. —¿Cómo qué?
Erina hace lo mismo antes de hablar. —Bueno, dime ¿qué te interesa saber exactamente?
Deja de comer unos segundos y se lleva la mano al mentón. —Bueno, tal vez algo sobre las criaturas, apenas sé nada sobre ellas, me vendría bien saber algo que me dé ventaja.
—¿Para nuestro plan? Buena idea.
—¿Plan? ¿A qué te refieres…?
—A lo que hablamos antes de que te durmieras.
Aiden mira su plato de comida, arruga el ceño.
—Lo de ir a una expedición —Erina interrumpe sus pensamientos.
—Ah, sí, justo iba a decirlo. Lo siento, creo que aún estaba un poco mareado por el golpe.
—No te preocupes, pero ¿seguro que estás bien?
Aiden se lleva una albóndiga a la boca. —De lujo —Levanta el pulgar hacia arriba —. No te preocupes, venga, cuéntame qué sabes.
—Bueno… Para comenzar, están las “Fracturas” como el eslabón más bajo, y como Raél dijo, son carne de cañón, los primeros intentos de “El Reflejo” para imitar a las criaturas que, para ese entonces, ya habitaban la tierra. Luego—
—Wow, wow, espera un segundo, ¿qué reflejo? ¿De qué hablas?
—Ah, bueno, eso es fácil. Se cree que existen dos entidades superiores a todo lo que conocemos, “El Origen” y “El Reflejo”. Se supone que son unas especies de dioses, o lo eran, porque ya hace miles de años que no se sabe nada de ellos. Piensa como que El Origen es el creador del mundo y sus diferentes formas de vida como las conocemos, y El Reflejo, pues…
—Creó a las bestias esas.
—Sí, eso mismo. Lo único que se sabe de ellos es gracias a algunas visiones o sueños. Parece que esos dioses tienen por costumbre hablarles en sueños a los marcados… ¿Te suena familiar?
—Hmm, tal vez… ¿Entonces…?
—¡Oh! Claro. Bueno, pues como decía, las Fracturas son ese primer intento fallido de copiar a los animales que ya existían en la tierra, los mismos animales que conocemos de toda la vida, que según las teorías, los animales fueron las primeras creaciones de El Origen. Digo que las Fracturas son intentos fallidos, porque no se parecen en nada, algunas son bestias sin forma, extremidades adicionales, o incluso sin ellas. En el libro había dibujos, y pues, eran un poquito grotescos —Erina saca la lengua y arruga el entrecejo.
—Entonces son como esas cosas que vimos en la comisaría ¿no? Similares en concepto a los animales, pero como si se hubiera perdido a media obra —Aiden toma un poco de ensalada.
—Exacto. Ahora, están también los Disformes, que básicamente tratan de parecerse más a nosotros, pero priorizando otros aspectos, es por eso que ese gigante con el que luchaste, aunque midiera varios metros, aún tenía proporciones “normales” considerando su tamaño.
—¿Tienen alguna otra cosa destacable aparte de pegar muy fuerte?
—Síp, tanto Fracturas como Disformes tienen capacidades regenerativas aumentadas, mucho más que los Marcados, al menos si hablamos de heridas pequeñas, ya que, si se les corta extremidades, no pueden unirlas, ni hacerlas crecer de nuevo. Emm… Y también cuando mueren, se deshacen dejando una masa negra sin forma, aunque eso ya lo sabemos.
—Claro, aunque ¿sabes por qué ocurre?
—Nop, este mismo hecho hace que haya sido imposible hacerles pruebas, se descomponen demasiado rápido para hacer cualquier cosa. Se teoriza que puede ser debido a la auto… ¿Autólisis? Dicen algo como que están llenos de enzimas que reconstruyen sus tejidos a una velocidad “parasitaria hiperactiva” —hace comillas con los dedos —. Pero que, al morir, toda esa energía se queda sin dirección, por lo que ocurre algo así como de que digieren todo el tejido de dentro hacia fuera.
—¿En serio te aprendiste todo eso? —Aiden ríe.
—¡¿Qué quieres decir?!
—Nada, nada, es solo que me impresiona. Bueno, si lo pones de ese modo tiene sentido. Es como si dentro fueran una máquina que, de tan inestable, se debe devorar así misma para subsistir una vez que el huésped muere, dejando esa masa negra detrás.
—¡Oh! ¡Sí me estás escuchando!
—Por supuesto. Ahí está el porqué las armas convencionales no funcionan… Pero qué ocurre con esos otros… ¿Conformes? —Aiden suelta el tenedor y lo deja sobre el plato.
—Bueno… —Erina mira su plato unos momentos —De ellos hay muy pocos registros, se sabe lo que son, pero casi todo lo que hay son escrituras hechas por terceras personas, nunca por nadie quien los haya enfrentado.
—¿Y eso es por…? Oh…
—Sí… Pues, ellos son las últimas creaciones “perfectas” por parte de El Reflejo, antes se creía que eran solo un invento para asustar a los humanos, pero resultaron ser reales. Se asemejan casi de forma perfecta a un humano convencional, pero con una fuerza y velocidad abrumadoras, casi irreales, y que también… —Desvía la mirada.
—¿Eri?
—Ah, perdón. El texto decía que son capaces de regenerar extremidades en cuestión de segundos… Y no hay mucho más, describen algunas de sus hazañas, como atravesar paredes de concreto, o saltar decenas de metros sin apenas esfuerzo…
Entonces, ese hombre en la cabaña ¿era realmente uno de ellos? Y si lo era, ¿por qué no acabó conmigo…?
—¿Entonces son invencibles?
—N-no exactamente, según los libros, en el pasado, ya mataron a algunos. La razón por la que no hay testimonios de primera mano es porque las luchas contra esas criaturas se simplifican a peleas de desgaste, o las heridas acaban con la persona, o el monstruo ya no puede regenerar más partes…
—Perturbador… ¿Me sirves un poco más?
—¿Qué…? Oh, claro, sí —Levanta el plato de Aiden y le da una porción más de espaguetis.
Aiden se sumerge en su plato nuevamente, la cabeza de Erina queda un poco en el aire, no le está prestando atención a nada. Pasan un par de minutos en silencio, hasta que Erina se aclara la garganta y decide hablar.
—O-oye, ¿sabes qué? ¿Qué tal si vamos esta misma tarde a dar una vuelta?
Aiden traga. —¿Hoy? ¿Ir a la ciudad?
—Emm, mejor no, pensándolo bien es una pésima idea.
—¿Pasó algo?
—No, bueno, o sea sí…
Aiden mira fijamente el rostro de Erina. —Vino Eliza, ¿verdad?
—¿Cómo lo sabes?
—Es la misma mirada que pusiste cuando hablamos de ella hace un rato, ¿qué te dijo?
Erina desvía la mirada y come algo de ensalada. —Pues…
Pasa un par de minutos contándole la situación a Aiden, palabra por palabra como si fuera la misma Eliza quien hablara.
—¿Crees que estoy exagerando al llamarla desgraciada?
Aiden ríe. —Para nada, honestamente ya me hubiera gustado que dijera eso en frente de mí. Perdería cualquier nerviosismo y le diría que se… Aunque creo que es mala idea hablar desde el enojo…
Erina corresponde la risa. —Supongo que sí, ya me imagino transformándote solo para decirle cosas malas —Ríe a carcajadas.
—¿Transformarme? ¿De qué hablas?
—Ah, oh, ¿no debí decirlo? Lo siento, como nunca hablamos de eso creí que… ¡Ah! Perdón, no sé en qué pensaba, lo que dije no tiene sentido, ¡olvídalo!
—N-no, no, no estoy molesto, sé a qué te refieres, o eso creo. ¿Qué querías decir?
—¿E-en serio no te molesta…?
—No mentiría con esto, solo me da curiosidad, ya que realmente no he tenido un espejo en esos momentos como para saber cómo me veo.
—Oh, t-tiene sentido… Pues, en esas dos ocasiones, casi la mitad de tu cara se llena de marcas, idénticas a la que tienes en el pecho, y hasta me imagino que de ahí vienen… —Se lleva la mano al mentón —¡Ah! Y también creces como una talla.
—¿Cómo así?
—Hmm, ¿cómo lo digo…? Que te haces más grande, todo tu cuerpo crece como una talla de, creo, puro músculo.
—E-entiendo, pero ¿solo eso?
—Heh, lo dices como si eso fuera poca cosa. Pues no, también enseñas mucho los dientes, como un perro rabioso, o un lobo. Me daba miedito al principio, pero ya no.
—Tú también lo dices como si no fuera nada.
—Bueno, es que al final te conviertas en lo que te conviertas, sigues siendo tú, así que no me da miedo. Sé que, al final, siempre prevalecerás si es que esa otra cosa intenta tomar el control, así que no me preocupa.
Aiden observa a Erina con los ojos bien abiertos, pero no dice nada.
—¿Q-qué? ¿Dije algo raro?
Él solo baja la mirada para encontrarse con su plato, y seguir comiendo.
—V-vamos, no te quedes callado…
—N-no es nada… —No despega la vista de su plato.
—Uy, ¿te dio vergüenza? Lo siento, me suelen decir que soy muy “honesta” al hablar —Hace grandes comillas con los dedos.
Aiden suelta un pequeño resoplido entre los labios y suelta una carcajada. —Parece que la “honestidad” de Eliza se te contagió. ¿Ves? Te advertí que no te le acercaras.
Erina corresponde la carcajada. —Supongo que son las consecuencias de ser buena gente, si no fuera porque no quiero problemas, le hubiera encajado un puñetazo en la cara.
—Vaya, la señorita no sabe pelear y todavía quiere buscar pelea.
—Bueno, no es mi culpa, dijiste que me enseñarías.
—No, tú me pediste que te enseñara, luego te burlaste.
—¡N-no es cierto! No lo decía en serio.
—Bueno, bueno, intentar enseñarte un par de cosas estaba en mis planes. Ya que ambos no tenemos nada que hacer, ¿te parece si más tarde practicamos? Hoy puedo aprovechar de ejercitarme un poco con las máquinas de aquí, y mañana podemos partir a la ciudad en la mañana.
—¿Estás seguro de eso? No tenemos que ir “ya” si no quieres…
—Sé que querías que saliéramos hoy para evitar a Eliza, y honestamente también quiero evitarla, así que, de todas formas, cualquier momento para salir es bueno.
—¿En serio? ¿Qué hay de tu entrenamiento?
—Diana dijo que pusiera mis cosas en orden, pues ese es el punto de salir.
—E-está… ¡Está bien! ¡Es un plan entonces! No te me arrepientas.
—Claro que no, ¿qué podría salir mal?
—O-oye, no hagas eso.
—¿El qué?
—Invocas a la mala suerte, ya mañana nos va a aparecer uno de esos Conformes gracias a ti y tu tremenda boca.
—B-bueno, perdón… ¡No es cierto! No creo en esas estupideces —Aiden se levanta de golpe y toma ambos platos vacíos para llevarlos al lavaplatos.
—¡Oye! —Erina voltea hacia el lavaplatos con todo y silla.
—Esta vez me toca, no estoy tan delicado como para no poder lavar los platos.
Erina resopla entre los labios. —Está bien…
—Termino con esto y voy a hablar con Diana sobre nuestra expedición, quizás nos quieran pedir algo.
—¿Y Raél?
—No lo sé, al parecer ha estado fuera desde ayer, no lo he visto.
—Oh…
Aiden termina de pasar la esponja con jabón por el último plato y lo deja reposar. Seca sus manos con un pequeño trapo colgado en la encimera.
—Antes de que te vayas, ¿puedo preguntarte algo?
—Claro, dime —Voltea a verla.
—Te conté todas estas cosas sobre las criaturas, otras sobre esos “dioses”, temas de los que nunca hemos escuchado hablar, y todo lo que ha ocurrido apunta a que sean ciertas… Pero, aun así, no pareces afectado en lo más mínimo…
—Ah, claro, ¿ya se te olvidó?
—¿El qué?
—Tienes que verlo de este modo, tener más información a la mano no cambia nuestro objetivo, solo puede hacer más ameno nuestro viaje. Pensar demasiado en lo que pasará entre ambos hechos solo nos va a causar más problemas de los que buscamos solucionar.
—Entiendo…
—Tienes que pensar como una ingeniera, de este modo: para llegar a una solución, necesitas tener las variables, tener más o menos puede aumentar la dificultad, pero no alterará el resultado. La idea es usar lo que sabes para acercarte a tu objetivo, y no temerle a ese conocimiento solo por estar ahí.
—Entonces, saber sobre esas criaturas no cambiarán lo peligrosas que son, pero si nos ayudarán a combatirlas, ¿así?
—Exacto, sigue así y podrás sacar tu diploma —Le despeina la cabeza a Erina.
—Hmm, no lo sé, la ingeniería no es lo mío, pero ese modo de pensar tal vez me sirva.
—Claro que sí.
Aiden le quita la mano de la cabeza. Erina baja la mirada y juega con sus dedos, parece querer decir algo.
—¿Quieres venir conmigo?
—¿Dónde Diana?
—Pues claro, para que no te aburras.
—¡B-bien! Te daré el honor de acompañarte —Se pone de pie enseguida.
—Estupendo, vámonos pues.
Ambos caminan hacia la entrada de la casa, Aiden toma su abrigo de un perchero junto a la puerta, lo viste, abotona, y salen de la casa. No se molestan en cerrar con llave.
Toman el mismo trayecto que en la mañana, aunque a un paso más lento. Ninguno de los dos dice nada, y Erina parece estar distraída mirando hacia los lados en cada esquina y callejón por el que pasan.
—¿La estás buscando? —Pregunta Aiden.
—¿Q-qué? ¿Yo? —Resopla entre los labios —No, para nada, ¿por qué lo haría?
—Si la ves acercarse ¿qué harás? ¿Huiremos así sin más?
—S-supongo que no, ¿a ti no te importa?
—No es que no me importe, es solo que para este punto me da igual, que pase lo que tenga que pasar —Habla sin quitar la vista del camino.
—Me llamas cobarde, entiendo…
—No dije eso. Vamos, solo continuemos, que ya casi llegamos.
No pasa mucho hasta que ambos llegan a la arena de entrenamiento. Allí, se encuentran un grupo de unos 6 o 7 hombres con camisetas y shorts deportivos, todos empuñando algún arma de entrenamiento; espadas y escudos, lanzas y mandobles.
Diana está parada en una de las esquinas de la arena, parece gritarle algo a los demás, pero no se le entiende demasiado a la distancia que se encuentran. Aiden y Erina se acercan, hasta que él llama su atención.
—Oye Diana, ¿no te parece demasiado entrenarlos así con este frío?
—Como entrene a mis cazadores no es problema tuyo… ¿Qué quieres? ¿Ya estás listo para volver? No creí que fuera tan pronto.
—No es eso, vengo a comentarte otra cosa.
—Ah, ¿sí? Pues adelante.
Aiden voltea a ver a Erina, quien simplemente está parada a un lado, en silencio.
—Bueno, nosotros estábamos pensando en salir mañana a buscar algunas cosas a la ciudad, y tal vez algún coche, si encontramos uno en buen estado.
—¿Un coche? ¿Para qué?
—Bueno, no sé si Raél te lo dijo, pero no nos quedaremos aquí definitivamente, estaremos un tiempo hasta estar preparados. Entonces aprovechando la salida—
—¿Vienes a pedirme permiso? Ya estás grande para eso. Te diría que hablaras con Raél, pero ayer salió con otro grupo y no vuelve hasta mañana, así que yo estoy a cargo.
Diana ni siquiera voltea al hablar, aún les da la espalda y solo les presta atención a sus alumnos.
—Bueno, me lo imaginaba, es por eso que…
—Sí, me da lo mismo. Si van a traer un coche, que sea lo más moderno que puedan, son más silenciosos y emiten menos gases. No traigan una basura de hace 10 años.
—Oh, esperaba que—
—Sí, sí, no es mi problema. La ciudad debería ser relativamente segura, quizás te topes con alguna fractura, pero nada del otro mundo. Por eso tampoco me importa mucho si quieren ir a explorar, solo no dejen ningún rastro de olor, y que no los sigan, si te ven, o los pierden allá, o los matan. Simple.
—E-está bien, gracias, supongo…
Aiden y Erina intercambian miradas y se dan la vuelta, pero Diana los interrumpe.
—Oh, sí, trajeron tu espada de vuelta, está colgada allá junto con las demás —Apunta con el dedo.
—¿En serio? Genial, ¿qué tal quedó?
—¿Y yo qué voy a saber?, ve a verla tú mismo.
Aiden entrecierra los ojos y se queda sin responder, solo gira hacia un lado y camina hacia donde se le indicó. Erina lo sigue de cerca.
—Oye Aiden, entonces ¿nos vamos así? ¿Sin más? Creí que nos iban a prohibir salir solos, o algo así… Por seguridad, solo digo.
—Diana tiene una personalidad que, junto a la edad que tiene, le hace no querer gastar su tiempo en conversaciones sin sentido, al menos, con gente que no le interese de primeras. Si hubiera algo más que considerar, ya nos lo hubiera dicho.
Ambos se paran frente a un pequeño almacén, la puerta tiene una pequeña ventana que deja ver el interior del cuarto. Está lleno de cajas, muebles y unos soportes de espadas, con, por supuesto, espadas sobre ellos.
—¿Cómo que “a su edad”? Lo dices como si fuera vieja, no tiene como, qué, ¿30 años?
Aiden abre la puerta. —Oh, claro, no te lo había dicho. Diana es una Marcada también, piensa que si aparenta 30 años, tiene, como mínimo, el doble.
—¿E-en serio? No se le notan.
—Ese es el punto de envejecer lento, ¿no leíste algo sobre esto en los libros?
Ya dentro del cuarto, Aiden busca unos segundos en las paredes, pero no tarda en encontrar su arma, resalta muchísimo comparada a las demás. La toma y la carga en su hombro.
—Aiden, espera, mira, tu espada tiene algo colgado.
—¿Hmm? —Pone la espada frente a él.
Parece una especie de cinturón junto a una pieza metálica.
—¡Ah! Mira, ya sé lo que es, a ver, deja la espada ahí.
Aiden hace caso, apoya la espada en la pared y le entrega el cinturón. Erina lo examina unos momentos, nota que lleva unas hebillas para ajustarlo y para abrirlo. Al soltarlo, rodea a Aiden con una de las partes por la cintura y la ajusta hasta que quede fija, pero no apretada.
Aiden solo mira hacia arriba. Erina continúa con la otra parte, que pasa por debajo del brazo izquierdo y por sobre el hombro derecho. Vuelve a rodearlo con los brazos y ajusta la hebilla en su pecho hasta que quede bien ajustada. En la parte de atrás, hay una pieza metálica gruesa y fija al cinturón, no parece que se vaya a ir a ningún lado.
—¡Ya está! Creo que esta cosa de atrás es para colgar tu espada, pero no parece una funda completa, tiene el ancho de una mano, más o menos.
—G-gracias —Aiden toma la espada por la empuñadura —. Cuidado, apártate un poco.
Balancea la espada hacia su espalda, y como si algo le estuviese empujando, la espada se ajusta sola en la pieza metálica, quedando sumamente firme. Aiden se agita hacia los lados, da un par de saltos, pero nada, la espada sigue fija como si estuviera atornillada a su espalda.
—¿Tú me ayudaste a enfundarla?
—No, yo no toqué nada.
Aiden lleva su mano nuevamente a la empuñadura, y con algo de fuerza, logra quitarla de su anclaje. Al probar acercarla, ocurre lo mismo, la pieza metálica “succiona” el acero.
—Parece que tiene una especie de, ¿imán? No lo sé muy bien, pero sí se nota que atrae la hoja con fuerza al acercarla —Añade Erina.
—Entiendo, si así es como funciona, entonces está perfecto, mucho mejor que traerla en una funda completa o cargándola en mi hombro.
—¡Claro! Y tampoco te queda mal, combina con tu abrigo.
—Bueno, esto era todo lo que necesitaba, vámonos —Aiden camina fuera de la caseta, Erina lo sigue de cerca.
Al pasar frente a la arena, Diana voltea de golpe y le grita a Aiden.
—¡No te olvides pasar a la herrería a dar las gracias!
—¡Claro! —Aiden devuelve el grito desde lejos.
Ambos toman el mismo camino por el que vinieron, pero esta vez, Erina parece más relajada, o al menos, ya no está viendo hacia los lados de forma paranoica.
—Ahora, ¿cuál es el plan? —pregunta Aiden.
—No lo sé, ¿tú te ejercitas y yo te miro?
—C-creo que podemos hacer algo mejor. ¿Qué tal si traes los libros al gimnasio y me lees mientras hago mi rutina?
—Oh, bueno, esa es una mejor idea. ¡Entonces es un plan! No te vayas a olvidar que luego me tienes que entrenar.
—Claro, si me insistes a cada rato ¿cómo podría olvidarlo?
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